FILOSOFÍA, LITERATURA, CIENCIA, CIBERESPACIO...

07 noviembre 2011

¿DE DÓNDE SURGE LA VIDA?



«Hay que recordar que, si bien los componentes químicos de la materia viva, los átomos, son idénticos a los de la materia inanimada, la originalidad de los organismos vivos se debe a la organización de dichos átomos. Asimismo, es la organización molecular la que da lugar a la especificidad de la célula. De esta organización resultan las relaciones moleculares que a su vez definen la mayor o menor complejidad celular.
»Hoy en día el origen de las moléculas del ser vivo ya no es un misterio. También se conoce el origen de las funciones biológicas más importantes, como la reproducción o la fotosíntesis. Queda aún por descubrir de qué manera se organizaron estos elementos para que apareciesen las primeras células vivas».
¿De dónde surge la vida? MARIE-CHRISTINE MAUREL

18 mayo 2011

DEMOCRACIA (CONSTITUCIONAL) 2.0

 

A propósito y en defensa del 15M y las manifestaciones posteriores: 

Abogo por una reconversión estructural y sostenible del sistema político-económico. Regulación del paradigma financiero; e intolerancia con los responsables de la crisis, que lo diremos por enésima vez no somos los ciudadanos. Porque el vaciamiento del concepto de democracia conduce a la ruina del estado del bienestar, la corrupción a la crisis de la convivencia civil y la deconstrucción del modelo normativo de democracia constitucional al destrozo de los derechos fundamentales. El mercado y las instituciones financieras sojuzgan sistemáticamente las políticas públicas, mermando el poder adquisitivo; es decir, bajo la apariencia del poder constituyente estamos en cambio sometidos al lucro pecuniario de la lobbycracia

La situación de carestía laboral y de falta de un verdadero plebiscito ha degenerado en un statu quo insoportable. No queremos ni podemos seguir así. 

¿Quién, sino los profesionales de la política, han convertido a esta en una actividad artificiosa, demagógica y sofista? ¿Quién, sino los políticos, se embelesan con la autoridad de las grandes empresas? 

No anatematizo a las grandes empresas por el hecho de serlo; repruebo que una minoría de personas influyentes presionen en favor de (sus) intereses espurios, inmoderados, a quienes trae sin cuidado el provecho y valor de los demás. Tampoco estoy en contra de las actividades privadas, al contrario, reconozco su entidad y valoro el esfuerzo que ejercen para salir a flote (máxime cuando las políticas de facto reprimen a los emprendedores).

No al berlusconismo; no a la dictadura del capital. Sí a la resistencia y la movilización bien razonadas. 

Como dijo recientemente el presidente de Ecuador, a propósito de la tauroabolición en su país (medida que suscribo), «no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época». Ese es pienso el espíritu de los acampados en Sol. Y en el resto de España.
Guillermo da Costa 

08 enero 2011

Exoconciencia y lectura

"Si el libro es una prótesis que forma parte de nuestras redes exocerebrales, no debe extrañarnos que pueda evolucionar hasta convertirse en un artefacto electrónicamente sofisticado que mantenga la sencillez original del invento pero la combine con los extraordinarios recursos de la digitalización. Debemos comprender que toda modificación de esta prótesis ha de provocar cambios profundos en nuestra conciencia, pues la conciencia no es una sustancia o un proceso oculto en las redes neuronales dentro del cráneo sino una red que se extiende por los sistemas simbólicos que –como el libro– nos sustentan como seres humanos racionales".
      Roger Bartra, "El futuro papel del papel"

07 noviembre 2010

Dos problemas clásicos de Filosofía de la Tecnología

En primer lugar, un problema metafísico: si nuestra realidad depende de las posibilidades y logros de la tecnología.
Pienso que, actualmente, estamos más que nunca pendientes de las consecuciones y contingencias de la tecnología. No solo porque, en un sentido doméstico, consumimos tecnología de manera frenética y estamos a la expectativa de las innovaciones tecnológicas, sino porque toda nuestra realidad está permeada por lo tecnológico. El contexto, la situación y las circunstancias de los seres humanos del siglo xxi son ampliamente tecnológicos; y a menudo nuestra realidad se juega en la tecnología, por ejemplo, en lo que se refiere a tecnología médica.
En segundo lugar, un problema ético: sobre las responsabilidades morales de la ciencia y la tecnología y en qué medida alteran éstas la condición humana.
Jürgen Habermas explicaba, en Ciencia y técnica como “ideología” (1968) cómo la técnica puede asumir una función “instrumentalizadora”, y cómo el trabajo y el progreso técnico deben respetar las leyes y usos de la convivencia social. En una época en la que “el aumento de las fuerzas productivas institucionalizado por el progreso científico y técnico rompe todas las proporciones históricas” (Habermas), corremos el riesgo de que la técnica sea mero dominio sobre la naturaleza y sobre las personas, dominio represivo e ideológico que “racionalice” la falta de libertad, autonomía y capacidad de decisión sobre la propia vida.
Guillermo da Costa

09 octubre 2010

No me interesa

No me interesan las abstracciones de tipo esencialista; me interesan los individuos en concreto y sus complejidades, sus ondulaciones, sus "rizomas"... No me interesan las esencias; me interesan las existencias. No me interesan las bibliografías; me interesan las biografías.
Nunca me refiero al ser en abstracto sino a la individuación, modos o modificaciones personales de ser en cada uno
Guillermo da Costa

25 septiembre 2010

K2. JAVIER GARCÍA SÁNCHEZ. 27/11/2006

27/11/2006

Guillermo da Costa:
Lo primero que recordé al saber que usted había escrito ahora una novela titulada K2 fue aquella otra magnífica obra suya, El Alpe d´Huez, que leí con entusiasmo. ¿Cuáles son los elementos pasados que, con respecto a El Alpe d´Huez conserva K2, y cuáles los nuevos? 

Javier García Sánchez:
Pregunta inteligente. Las dos novelas son dos travesías, son dos agonías, son dos ascensiones, son dos procesos hermanos. Creo que Alpe D´Huez estaba basado en una pedalada, era como un reloj, te sumía en la locura por el propio ritmo de la pedalada. Buscaba buscar en el lector la asfixia de la pedalada. Esta última es más sabia porque contiene otros elementos, no sólo subir un metro, otro y otro. Tiene poesía, amor, aparece la matemática, filosofía, religión, antropología, hay muchas más cosas en esta novela. Creo que es la más espiritual, pero la intención sigue siendo la misma. Mostrar el núcleo de ese enigma que es el alpinismo y las montañas. Veo con curiosidad en estos tiempos, y temor, que se está poniendo de moda en los medios de comunicación, no en vano una alpinista aparece anunciando coches, no nos lo hubiésemos imaginado hace cinco años.
  

18 junio 2010

HISTORIA DE LA LECTURA 7. ¿QUÉ LE ESTÁ HACIENDO INTERNET A NUESTROS CEREBROS?

                       por Nicholas Carr NICHOLAS CARR

IN MEMÓRIAM JOSÉ SARAMAGO

 Pensar, pensar

«Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte».

José Saramago
Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008.

29 marzo 2010

EL LHC DE PETER GINTER EN SALAMANCA

En febrero de 2010 la Universidad organizó en Salamanca una exposición fotográfica de Peter Ginter sobre las labores de construcción del LHC. 
Disparé una cuantas fotografías. Muy a propósito de estos días en los que se anuncia que el Gran Colisionador de Hadrones hará chocar partículas a una potencia no alcanzada hasta ahora (7 TeV).

11 agosto 2009

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA



«Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas».

GILLES DELEUZE, Nietzsche y la filosofía 

11 junio 2009

INTERNET: LA SINGULARIDAD Y EL CAMBIO DE PARADIGMA TECNO-ECONÓMICO

La singularidad de Internet se refiere, por lo menos, a dos aspectos. En primer lugar, en sentido matemático o astrofísico Internet implica una singularidad (o punto singular) en tanto que la Red transforma, trasciende y hasta dinamita las convenciones aceptadas de los sistemas, ya sean de comunicación, de información, de interacción, etc. Es decir, en Internet no operan las mismas reglas que lo hacían hasta ahora, pues, en efecto, Internet involucra una renovación de los estándares sistémicos. Las leyes de Internet no se reducen a las leyes establecidas y, además, Internet implementa nuevas leyes. En segundo lugar, la Red es singular en el sentido de la singularidad tecnológica, en virtud de la cual el progreso tecnológico y el cambio social inherentes a ella aceleran el desarrollo de la inteligencia humana, extienden el poder de computación del cerebro y cambian nuestro entorno (y a nosotros mismos) hasta límites casi inimaginables. Si aceptamos como válido el patrón exponencial de progreso tecnológico propuesto por Kurzweil, el tránsito hacia una sociedad posthumana es palpable.

El "paradigma tecno-económico" es un concepto fascinante. C. Pérez lo emplea para describir los cambios tecnológicos que afectan no solo a la estructura de costos o a las condiciones de producción y distribución, sino también a "todas las ramas del sistema económico". Se refiere, por tanto, a "revoluciones" tecnológicas cíclicas (conforme a épocas económicas u "ondas largas" del desarrollo económico, con ascensos y declives o recesiones) que arruinan un aparato productivo y lo transforman y renuevan en otro. El agente y motor de esa destrucción creadora es la innovación. Los cambios o "revoluciones tecnológicas" afectan no solo a productos, servicios, industrias, etc., sino a todas las capas de la economía.

Actualmente vivimos en uno de los periodos de revolución tecnológica caracterizados por C. Pérez: la revolución informática. Como consecuencia de ello, vemos a diario cómo hay una "inercia" socio-institucional de algunos sectores que genera conflictos (v. g., los referidos a los derechos de autor en la era Internet), y que ilustra muy bien por qué es preciso que haya un "ajuste estructural en la transición entre dos paradigmas". Dicho ajuste trastoca la esencia de algunos modelos de negocio. Como dice Dans, dichos modelos de negocio precisan de una redefinición, máxime cuando está en juego la criminalización de los internautas por individuos y sociedades que no comprenden ni aceptan la extraordinaria fecundidad y revolución que, en el mejor de los sentidos y con toda la prudencia y sentido ético, implica Internet.

Guillermo da Costa

DIOS 2.0

La metáfora informática del “Dios 2.0”, según la cual esta sería una versión de Dios pasada por el tamiz de la ciencia de la complejidad y la autoorganización; es decir, un Dios “completamente natural”, que dé cuenta de “la incesante creatividad de los sistemas que componen el universo, en los niveles de mayor complejidad” (cf. enlace supra). Esta metáfora, digo, susceptible de interpretarse como un hallazgo semántico más o menos afortunado, me ha inspirado, tras la información que figura en el artículo: “La complejidad reclama una revisión del concepto de Dios” (ibíd.), intuiciones y sentimientos variados.

Por una parte –y mutatis mutandis–, un Dios que trasciende las leyes físicas, surgido a propósito del concepto de “emergencia” (el cual refiere, desde el enfoque del paradigma de sistemas, a propiedades o procesos de un sistema que no se pueden reducir a las propiedades o procesos de sus partes constituyentes; es decir, que el todo no se reduce a la suma de las partes), un (concepto de) Dios alumbrado por el estudio de los sistemas complejos y de teorías sobre la autoorganización de la materia, me evocó y obligó a reconstruir “la gran tesis teórica de Baruch de Spinoza: una sola substancia que consta de una infinidad de atributos, Deus sive Natura [he aquí el quid de la cuestión], las “criaturas” siendo solo modos de estos atributos o modificaciones de esta substancia” (Gilles Deleuze). Según Deleuze, además, la tesis spinozista combina panteísmo y ateísmo, entendidos estos en el sentido más ortodoxo y dogmático, amén de “negar la existencia de un Dios moral, creador y trascendente”. Creador no en el sentido de generador o hacedor, sino, pienso, en el más trasnochado e inconsistente sentido conferido por el judaísmo y el cristianismo.

La alusión a Spinoza puede no ser estéril. Si tenemos en cuenta la revisión del concepto de Dios que reclama la complejidad (y conste que no he leído aún el libro Reinventando lo Sagrado, de Stuart Kauffman), ¿acaso no es lícito pensar en el Deus sive Natura de Spinoza? Además, el Dios 2.0 reniega del atávico Yahvéh, “cuyo programa ha estado funcionando durante 6.000 años en el software de nuestros cerebros y de nuestra cultura” (Michael Shermer). Si el Dios 2.0 es un nombre para designar aquello que trasciende las leyes físicas, su particularidad no es substancial sino ciertamente equívoca, evasiva, problemática, variable, compleja… Nada más lejos de la sublimación antropológica y antojadiza del Dios de la Biblia.

No resulta extraño que, en una entrevista realizada al profesor de Filosofía Luciano Espinosa, disponible en la revista digital de cultura, Suspiria, buen conocedor, por cierto, de Spinoza y de la Complejidad, a propósito de la pregunta “¿Cree en Dios?” me respondiese:

“Esta pregunta no es fácil de responder porque normalmente se simplifican mucho estas cuestiones. No tiene una respuesta unilateral, decir sí o no para mí no es suficiente. No creo en el Dios “convencional”, el Dios de las religiones reveladas. Me temo que se ha convertido en una cosa, se ha “cosificado”. Tengo una cierta percepción religiosa de la existencia, un tanto de apertura mística, pero no comparto ningún tipo de dogmática religiosa. Tiene que ver con la religatio radical a lo que considero un todo abierto, donde se funde lo trascendente y lo inmanente sin ningún reduccionismo”.

Hay afinidades y compatibilidades provechosas entre las impresiones en torno a la creatividad de los sistemas que componen el universo, el Deus sive Natura, la emergencia de algo “nuevo” a niveles altos de complejidad, el enfoque de sistemas, el replanteamiento de la idea de Dios (concepto “cosificado”), la religatio, la religiosidad como estructura última de la conciencia (Mircea Eliade), el Dios 2.0…

En otra entrevista, también disponible en la revista Suspiria, el antropólogo Juan Carlos Ochoa Abaurre me confesaba que “creo que en la Naturaleza, con mayúsculas, se encuentra la energía de lo Divino y que nosotros somos parte, una pequeña parte, de esa fuerza que lo envuelve todo; creo que en la religiosidad originaria, y tal vez a diferencia de las religiones, encontramos la máxima que reza Todo es Uno y Uno es Todo, y que el hombre como elemento esencial debe comprometerse en su universalidad”.

Puede que estas líneas sean, en fin, una extralimitación –nunca mejor dicho– sobre el Dios 2.0. Pero es evidente que, con independencia de la terminología, el concepto de Dios 2.0 no es nuevo. Reminiscencias del mismo se confirmarían desde la metafísica de Aristóteles, hasta el pensamiento de Alan Watts. Quizá lo más interesante de esta revisión sea que el mundo demanda, para salir a flote, la superación del “Dios 1.0” por un punto de vista más evolucionado, responsable, consciente y maduro.

Guillermo da Costa

RIZOMA Y CIBERESPACIO

Las conexiones del lenguaje hipertextual con la noción de “rizoma” propuesta por Gilles Deleuze y Félix Guattari suponen un encuentro fascinante. En efecto, en dicho lenguaje funcionan los principios aplicados al concepto de rizoma: el principio de conexión y de heterogeneidad (cualquier punto del rizoma puede conectar con cualquier otro), el principio de multiplicidad (no existe unidad, solo inmensa variedad), el principio de ruptura significante (los cortes en el discurso no son interrupciones sino recomienzos de lo mismo y, a la vez, de algo totalmente nuevo) y el principio de cartografía (un rizoma no responde a ningún modelo estructural o generativo, es rigurosamente ajeno a toda idea de eje genético), de manera que “el mapa [hipertextual –como acertadamente indican que podríamos añadir M.ª-T. Vilariño y A. Abuín–] es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de realizar constantemente modificaciones. Puede ser roto, alterado, adaptarse a distintos montajes, iniciado por un individuo, un grupo, una formación social. […] Un mapa es un asunto de performance”. Un rizoma no tiene inicio ni fin, “siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo” (Deleuze y Guattari).

Guillermo da Costa


BIBLIOGRAFÍA


– G. Deleuze y F. Guattari (1986): Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos, 1998.

– María Teresa Vilariño Picos; Anxo Abuín González: “Historias multiformes en el ciberespacio. Literatura e hipertextualidad”, en: Teoría del Hipertexto, VV. AA, Madrid: Arco / Libros, 2006.



HAMLET EN LA HOLOCUBIERTA

¿Qué sucede si, en un proyecto de literatura de lo más académico, las páginas de un libro son claramente "inferiores" para el tipo de trabajo que se quiere hacer? ¿Y por qué las (nuevas) tecnologías generan resistencia, fobia e incluso pánico, y más aún en la enseñanza universitaria que en los niveles educativos anteriores?

Janet Murray, catedrática del Instituto Tecnológico de Georgia y filóloga por Harvard (que, además, trabajó como investigadora y profesora de Ficción Interactiva en el MIT, y que, entre 1992 y 1996 dirigió el Laboratory for Advanced Technology in the Humanities), confiesa que, por su experiencia en informática aplicada a las humanidades, aprendió que «hay ciertas formas de conocimiento que se adaptan mejor a formatos digitales que al impreso». Así refiere, en
Hamlet en la holocubierta, la siguiente anécdota: una vez que fue invitada a hablar con el comité que supervisaba la producción de un corpus sobre Shakespeare (ediciones de sus obras con notas que cubriesen todas las variantes textuales conocidas y recogiesen los comentarios críticos más significativos), comprobó cómo el ritmo de producción era lentísimo; los colaboradores del proyecto reunían una infinidad de tarjetas «en un proceso de investigación que duraba veinte años antes de publicar nada». Murray comprendió entonces que las páginas de un libro eran inferiores para este tipo de trabajo: «A menudo el texto de la obra ocupaba una sola línea en la parte superior de la página, mientras que el resto de la página estaba completamente cubierto con notas en distintas categorías de numeración, muchas de las cuales se reducían a abreviaturas crípticas que no contenían ninguna información para el profano». Las limitaciones de la página impresa, así como el esfuerzo heroico por compilar la edición no le hacían –siempre según Murray– ningún favor a la profundidad de la información ni a la profesionalidad de los colaboradores. Llegados a este punto, continúa Murray, la anfitriona exclamó: «¡Adoro el libro!». Y acto seguido, dirigiéndose a Janet: «Si vas a hablar en contra del libro mañana, te tiro por la ventana».

La anécdota referida ocurrió hace más de diez años. La perspectiva de un CD-ROM académico no provoca ya –supongo– tal arrebato de violencia en una noble experta en Shakespeare. El amor por los libros proclamado por la anfitriona aludida, y que comparto, es señal de que las (nuevas) tecnologías «extienden nuestras capacidades más rápido de lo que podemos asimilar […] Nos aferramos a los libros como si creyéramos que el pensamiento humano coherente solo es posible en páginas numeradas y encuadernadas» (J. Murray).

Entiéndase bien que Janet no aguarda ansiosamente la muerte del libro impreso, ni teme que vaya a ser inminente. El ordenador no es un enemigo del libro. «De todas formas he de confesar que espero el surgimiento de una forma literaria basada en el ordenador», escribe Janet. El medio en que se consigna la ficción electrónica puede contar historias que no es posible hacer de otro modo. Es un medio, pues, con gran capacidad de expresión. Por eso trata de imaginar los placeres que nos pueda traer la ciberliteratura y la clase de historias que contará. Se trata de un libro fascinante y hermoso, original y colmado de ingenio, que da (y mucho) qué pensar. Considérese, si no, v. g., lo que sigue: «Me atrae imaginar un ciberteatro del futuro igual que me fascina la novela victoriana».

Las historias que se cuentan en el medio digital no tienen por qué ser intrínsecamente inferiores a las del medio impreso. En manos del ciberbardo, el medio digital es una herramienta poderosa.

El ordenador es procedimental, participativo, enciclopédico y espacial, y ofrece tres tipos de placer particulares –aunque no exclusivos–: inmersión, actuación y transformación. Murray define la interactividad como la combinación de lo procedimental y de la propiedad participativa, que conllevan el placer de la actuación. Estos estudios se conectan tanto con los proyectos de inteligencia artificial como con los videojuegos, las películas, la literatura y la televisión. Tesis fundamental del libro es, como digo, que los ordenadores amplían las posibilidades de expresión narrativa.

Según Murray, asistimos a la «época incunable de la narrativa digital», cuya estética se fundamenta en los placeres proporcionados por «historias participativas que ofrezcan una inmersión más completa, actuación satisfactoria y una participación más sostenida en un mundo caleidoscópico». Con ello se consolidará un nuevo género, el «ciberdrama», que no será la transformación de algo ya existente «sino una reinvención del propio arte narrativo para el nuevo medio digital».

Para esta autora la palabra ciberdrama engloba numerosas formas de narrativa digital, formatos y estilos. En realidad, con este término se refiere a algo que está por llegar. Conforme el mundo virtual aumente su expresividad, «nosotros nos iremos acostumbrando a vivir en un universo fantástico […] En algún momento dejaremos de mirar al medio para mirar a través de él».

Se trata de un futuro en el cual no importe tanto si los personajes son actores, otros jugadores o charlarrobots; o si el lugar que ocupamos es un escenario teatral o un gráfico generado por ordenador… Cuando el medio «se convierta en transparente, estaremos perdidos en la representación y nos preocuparemos solo de la historia». Precisamente a eso se refiere la «holocubierta».

Guillermo da Costa

BIBLIOGRAFÍA


MURRAY, Janet: Hamlet en la holocubierta (el futuro de la narrativa en el ciberespacio). Traducción de Susana Pajares. Barcelona: Paidós, 1999. ISBN: 84-493-0765-1

WEB 3.0. WEB SEMÁNTICA



Quaerendo invenietis. “Buscando encontraréis”.
Como figura en el Diccionario Enciclopédico Espasa (2004), buscar es “hacer algo para encontrar alguna persona o cosa”. Ese “hacer algo”, aplicado a Internet y a los motores de búsqueda supone que, cuando buscamos algo, obtengamos los resultados más óptimos y exactos.
Como todos efectuamos a diario búsquedas en Internet, sabemos perfectamente que, con el uso de cualquier buscador actual, los resultados que se obtienen son inexactos: a propósito de casi cualquier búsqueda obtenemos una información variadísima (que no tiene por qué coincidir con lo que el usuario desea), y es preciso realizar una búsqueda manual entre las opciones que se muestran. La siguiente web presenta un modelo de comparación entre buscadores actuales y los que anticipan la implementación de la Web Semántica: Guía Breve de la Web Semántica.
La deficiencia de los buscadores actuales radica en el hecho de que operan de manera “sintáctica”; es decir, usan –en sus búsquedas– estándares de localización sobre la base de las palabras y de la unión de estas. Se diría que son buscadores “sintácticamente regulares”, si se me permite la expresión, no solo porque rastrean de manera sistemática pero discrecional los resultados, tratando la(s) orden/órdenes de búsqueda como signos sin sentido, sino porque operan según lo que gramaticalmente denominaríamos “sintaxis regular” (frente a la “sintaxis figurada”): por comparación, si dicha sintaxis pide que el enlace entre palabras para formar oraciones (y conceptos) se efectúe del modo más lógico y sencillo, aplicado a los buscadores convendríamos en que al efectuar una búsqueda, aquellos se comportan de la forma “más lógica y sencilla”; es decir, buscan textualmente, palabra por palabra. (Valga añadir que, en gramática, la sintaxis figurada alude al uso de las figuras de construcción para expresar el pensamiento. En términos pues de dicha sintaxis, iríamos un paso más allá: el de autorizar el uso de las figuras, es decir, de la representación, en un proceso de abstracción que trasciende la sintaxis conforme la metáfora que estoy empleando: la sintaxis figurada es un paso más allá del enlace lógico y sencillo, del “enlace” metódico y literal. La sintaxis figurada ya va más lejos que el sistema de obtención de resultados de los motores de búsqueda por Internet actuales porque considera –al menos según cierta apreciación– el significado, es decir, la semántica).
En el artículo de divulgación al que remito arriba (cf. hipertexto) se indica que “la Web Semántica es una Web extendida [la Web Semántica no es una Web separada sino una “extensión” de la existente], dotada de mayor significado, en la que cualquier usuario en Internet podrá encontrar respuestas a sus preguntas de forma más rápida y sencilla gracias a una información mejor definida […] Esta Web extendida y basada en el significado se apoya en lenguajes universales que resuelven los problemas ocasionados por una Web carente de semántica en la que, en ocasiones, el acceso a la información se convierte en una tarea difícil y frustrante”.
La Web Semántica, por tanto, agiliza las búsquedas que efectuamos ordinariamente a través de la Red. Su propósito consiste en solventar los problemas de interoperabilidad derivados de la “sobrecarga de información y heterogeneidad de fuentes de información” (ibid.).
Cuando escribimos las preferencias de búsqueda en los motores de búsqueda en Internet consignamos datos. (Desde el punto de vista de la lingüística y de la semiótica, pienso que se podría sustituir la voz “dato” por la de “signo”). Pues bien, una Web capaz de interpretar e interconectar un gran número de datos (“metadatos”) es semántica en el sentido de que su infraestructura “aporta un camino para razonar en la Web” (ibid).
Michel Bréal introdujo –a finales del siglo xix– el término “semántica” para referirse al estudio del significado de los signos lingüísticos y de sus combinaciones. Difícilmente pudo imaginar la trascendencia del vocablo. La semántica “da sentido” a la Web, la significa. La semantización de la Web, al añadir significado a la Web, nos aproxima a la construcción de la Web 3.0.
Una de las cosas que más me interesan de esta materia es el hecho de la que la Web Semántica pueda contribuira la evolución del conocimiento humano en su totalidad”. En una época de tópicos, futilidades y bagatelas de toda laya, el conocimiento sigue siendo una exigencia fundamental para la autodeterminación del ser humano en su precario y temporal devenir.
Guillermo da Costa

GALAXIA 3.0. NANOÉTICA


Nuestras metrópolis desaguan residuos tecnológicos. Los desechos de las industrias, en un ciclópeo caos, inundan la naturaleza de miasmas. Descargamos el alma en el ciberespacio. La licuefacción corporal se consuma. Conexiones eléctricas y enganches biomecánicos se ensamblan en redes neuronales hipercomplejas. Urbes como úteros cibernéticos de la automación y la robótica se encumbran al éter. El neón confiere al cielo una luz brumosa y lapidaria, y en la fosforescencia de las luces se presiente a veces la inminencia de nebulosos peligros…

Las nanotecnologías y su desarrollo suponen un impacto para el cuerpo y para el medio ambiente. Objetos un millón de veces más pequeños que un milímetro penetran nuestro organismo. Su potencial toxicidad, escoria microscópica, suscita la exploración de las implicaciones que sobre la seguridad, privacidad, identidad, etc., pudiera tener el desarrollo de la nanotecnología: es la nanoética.

Biociencias, TIC, ciencias cognitivas convergen. Las nociones de naturaleza y humanidad se alteran. ¿Por qué no pensar que ensancharemos así los límites del alma, que trascenderemos la finitud del cuerpo (extropianismo)? Estamos disolviéndonos en el espacio virtual, después de todo. ¿Y es pertinente invocar las tradicionales divisiones de naturaleza / cultura, identidad / diferencia, uno / múltiple?...

Puede que la nanoética emerja como una nueva materia dentro de las neohumanidades. Pero el humanismo tecnológico tendría que asumirse no como mera erudición o literatura, sino como estudio complejo de la pluralidad de lo existente.

Guillermo da Costa
BIBLIOGRAFÍA